El avión salía con retraso, finalmente abrieron la puerta de embarque y nos metieron a nosotros y dos o tres grupos más de españoles en una sala bastante pequeña, completamente acristalada mientras uno a uno nos medían la temperatura. Teníamos miedo, era nuestra única vía de escape.

La llegada a España fue impactante. Estaba irreconocible, calles desérticas, calles donde antes multitudes andaban con despreocupación. Carreteras vacías, silencio, poca gente distante con miedo en sus ojos. Veníamos de una ciudad donde todo seguía normal y todo estaba empezando. Pero España era un país totalmente diferente del que dejamos cuando nos fuimos. El miedo lo predominaba todo. En tan solo una semana todo había cambiado, un cambio que España, y todo el mundo, siempre recordará.

Esta experiencia nos ha hecho conscientes de lo mucho que puede condicionar el miedo a la gente y de que la situación que estamos viviendo en estos momentos es muy grave. No se nos va a olvidar nunca esto que hemos vivido y cómo te puede llegar a tratar la gente cuando en lo único que piensan es en lo que podría pasar.

Llegados a este punto, queremos agradecer el gran esfuerzo de nuestros profesores y las horas que dedicaron a sacarnos de allí antes de que fuera tarde. Sin ellos, dudo mucho que estuviésemos en casa sanos y salvos.

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